UR castellano 2017-07-17T13:29:36+00:00
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UR, el gigante del mar

UR el gigante del mar
UR, el gigante del mar

Hace muchísimos años, existía una tierra protegida por un gigante del mar. Protegía a los habitantes de las tormentas, de las olas destructivas, y de las tempestades que parecen no terminar. Los protegía en sus viajes, al cruzar los mares y les enseñaba a leer las estrellas, para que entre corrientes se pudiesen orientar. Los protegía ante la hipocresía, las amenazas, las mentiras y los peligros que con el tiempo solían evolucionar.

Antes de que las oraciones se realizasen al cielo, antes de que se mirase al cielo al rezar, las oraciones eran canciones y sonidos que se lanzaban y ofrecían directamente al mar. Las ofrendas y las fiestas típicas del lugar, a UR eran dedicadas con intención de celebrar. De recordar que el agua es vida, y que la vida es lo más importante, que hay que respetar.

UR conocía perfectamente la importancia que tenía, mantener limpia el agua del mar. Conocía la magia y las propiedades curativas, que ocultas permanecían para que nadie las pudiese robar. Sabía que todo comenzaba con dos gotas de agua salada, con un soplo de viento a distancia, con millas de esperanza, y millones de ilusiones por crear. Era él quien soplaba, cuando a los días las olas llegaban, y los marineros aparcaban sus barcos para volver a su hogar.

UR, el gigante del mar

UR, el gigante de ojos azules, el gigante con ojos de mar, era capaz de comunicarse por la mirada, sin necesidad de hablar. Con la mirada conectada al corazón, en lugar de a la parte occipital, conocía en todo momento quién mentía cuando hablaba y quién decía la verdad. Quién actuaba por conciencia, o quién buscaba la riqueza personal. Quién compartía lo que tenía, o quién competía por tener más.

Durante muchos años de historia, la cultURa se basaba en el respeto y el culto al agua y al mar. La gente trabajaba lo justo y necesario para poder vivir, y tener una vida de paz y felicidad. No existía el egoísmo, la hipocresía y la vanidad. UR no lo permitía, y al primer síntoma de indiferencia hacia la conciencia, atado a un trozo de madera (egUR), te hacía pasar una noche a solas en el mar. A la mañana siguiente, volvía la cordura y tras recobrar la conciencia, todo volvía a ser normal.

UR, el gigante del mar

UR y el corazón

UR, el gigante de mar
UR, el gigante del mar

UR era un gigante que además de su fuerza y su tamaño, su mayor arma era saber amar. Sabía que sólo desde el corazón, las cosas se podían curar y sanar. Sabía que si alguna vez todo cambiaba, sería por desconectar eternamente la tierra del mar. Por dejar que se seque la tierra y ya no se pueda regenerar.

El amor por las personas, los animales y las plantas, hacían de él alguien muy especial. Incapaz de hacer daño a nadie, se alimentaba de toneladas de algas y de plasma de mar. De salitre y yodo, que en forma de bruma, entra hasta donde tiene que entrar. De esa mezcla que abre los poros, activa la sangre y produce un gran bienestar.

UR dormía sobre la arena de la orilla. Indiferente ante el calor y el frío, le gustaba dormir con las caricias de las olas del mar. Tumbado boca arriba, conversando con la luna y soplando estrellas, intentándolas apagar. Con las manos en el pecho, respirando al ritmo de las olas, esperando impaciente a empezar a soñar. Incluso dormido, solía estar atento y protegía la vida y la alegría de ese curioso lugar.

Guardian de los sentimientos y emociones, de los secretos más profundos y de la formula para aprender a amar desde el mar. Si por algo se le conocía, era por su alegría, su simpatía y su disposición para cuidar y ayudar. No importaba lo que fuese. Si era necesario recurría a sus poderes, y era capaz de abrir en dos el mar. URLUR se llamaba este lugar en la tierra, una tierra de agua, una tierra de paz.

UR y el idioma

UR, el gigante del mar
UR, el gigante del mar

UR era un gigante bondadoso, enamorado de pasear por la orilla del mar, era tremendamente fuerte, y peludo como un oso, era inteligente y sagaz. Construyó un idioma, basado en la palabra que le dio la vida. Lo utilizó en los nombres y los apellidos. En los lugares, los montes y los ríos. En las cosas y elementos que utilizaban desde críos. En las palabras y refranes que debían permanecer vivos, creando un idioma para familiares, amigos y conocidos.

Ur (agua), lur (tierra), ziur (seguro), beldur (miedo), elur (nieve), euri (lluvia), urdin (azul), urbil (cerca), sudur (nariz), mutur (morro), kultura (cultura), eskura (a mano), gezur (mentira), gure (nuestro/a), egur (madera), agur (adiós), urruti (lejos), urrun (lejano/a), urte (año), urduri (nervioso/a), urtu (derretir), aurdun (embarazada), zuria (blanco/a), urdaila (estómago), buru (cabeza), liburu (libro), helburu (objetivo),…
ur, urko, urki, …. (nombres)
urbieta, uria, uranga,…. (apellidos)
urdaibai, urbasa, urkiola, urola, urdaneta, urteta, … (lugares)

Ur (agua), hezur (hueso), (ez ur) (no agua)

Durante muchos años, los seres mitológicos de esta zona, se conocían y vivían paz. Se respetaban, y respetaban cada una de las acciones que proponían y compartían con los demás. Pero todos sabían la importancia que UR tenía por cuidar de algo tan especial. Sabían que si terminaba el agua, terminaba la conciencia, y el bien sería devorado por la oscuridad del mal.

URLUR la tierra

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UR arditurri

UR no permitía las guerras. En URLUR no existían ni las armas, ni las peleas. Al que discutía por una tontería, lo dejaba ocupado apagando hogueras. Fueras quien fueras, vinieras de donde vinieras, en URLUR eras bienvenido, si pasabas unas simples pruebas.

Se te medía la conciencia, la claridad y la cantidad de agua en tus venas. Las acciones egoístas, y las acciones consideradas como buenas. Si tu agua estando de pie, llegaba al corazón, o lo rozaba a duras penas. Si vivías con ilusión, o si tu mirada mostraba venganza por antiguas condenas.

En URLUR todos sabían, de qué porcentaje de mar y de tierra era su composición. Que la razón era tierra y que el mar la conciencia que nace del corazón. Que el 30% de lo que somos, viene dado sin opción a ser cambiado y por obligación. Que el 70% restante, es agua que a todos brota salina, sin ninguna excepción.

En URLUR todos eran igual de importantes, viviesen monte arriba o en la playa, donde todo es arena. Se organizaban y formaban grandes grupos, cuando por algún motivo, había faena. Cada uno tenía su especialidad, y nadie deambulaba por las calles, como alma en pena. No había ni jefes ni peones en el trabajo, pero tampoco una falsa justicia, ni injustas condenas.

Durante muchos años, URLUR fue un verdadero paraíso. Sin fronteras, sin papeles. Sin necesidad de controles ni permisos. Todos tenían los mismos derechos, sin importar su color, su tierra o sus compromisos. Todos sin excepción alguna, tenían un hogar, agua, alimento y desempeñaban trabajos precisos.

URLUR comprendía diferentes zonas de aldeas, unidas por montes, valles y ríos. Con un fuerte mar al norte, donde los mayores paseaban por la orilla, como si fuesen críos. Vivían disfrutando la cultura del mar aunque hubiese días tremendamente fríos. Entre todos fabricaban barcos llenos de secretos, que siguen enterrados, en lugares sombríos.

El hechizo

UR, el gigante del mar
UR, el gigante del mar

Pero una oscura noche, cuando UR ya dormía, tuvo un sueño, del que jamás despertaría. Los habitantes de URLUR preocupados se reunían, y cada noche a la misma hora, cantaban y pedían. Cantaban lo que UR les había enseñado, cantaban lo que buenamente podían. Cantaban hasta la mañana, hasta que cansados y desconsolados desfallecían. Preguntaban a la luna, al sol cuando amanecía. Preguntaban a los seres mitológicos, que a visitarle venían. Mari, Akerbeltz, Tartalo, Olentzero. Nadie entendía lo que a UR le ocurría. Ni la magia ancestral, ni los cantos de sirena, a UR la vida devolvían.

Ur ya no era de agua, no sentía ninguna emoción. Se había convertido en una gran roca, un monte con su silueta y mucha vegetación. Se preparó un lugar de culto, intentado dar vida a su corazón. Una torre llena de magia, una torre llamada Torreón. Nadie comprendía, como un buen día, las cosas cambiaban y se quedaban sin solución. Nadie se explicaba, cual pudo ser ese sueño, que se hizo dueño de su vida y de los latidos de su corazón. Fue tal la sorpresa, que nadie se dio cuenta, que aquel fatídico día lo mismo le sucedía, a la ballena con la que jugaba desde que nació. También transformada en una gran piedra, en árboles y paseos, en flores de pocos colores, en función de la lluvia y de la estación. Lo que UR protegía y lo que le daba la vida, se había dormido aparentemente sin motivo alguno, sin ninguna razón. Lo que en URLUR se comentaba y se decía, lo que todos allí asentían, era que todo era fruto de una terrible maldición.

Pasaron los años, URLUR terminó desapareciendo, y los habitantes murieron de tristeza y desolación. No pudieron soportar los inviernos, hacer frente a los violentos vientos y lluvias, sin su protección. Las tormentas eran cada vez más fuertes, y en verano era insoportable el calor. A penas la tierra daba fruto, los peces no estaban sanos, y fue haciendo mella el horror. URLUR desaparecía, como desaparece el agua del cuerpo, y el ritmo del corazón. Desaparecían las ilusiones, los sueños y los sentimientos de aquella antigua generación.

UR, el gigante del mar

Euskal Herria

UR, el gigante del mar

Al cabo de muchos siglos, lo tierra de URLUR, en Euskal Herria se convirtió. Los nuevos habitantes se llamaban vascos, quienes adoptaron el idioma, la cultura, la tierra y la tradición. Trataron con mucho cariño, lo que encontraron en aquella región, pero no era fácil descubrirlo, con tanta belleza y tanta vegetación. Se lanzaron a los valles y los montes, a descubrir en cuevas nuevos horizontes, pero los secretos de UR estaban muy bien escondidos, y fue la tierra y no el mar, lo que les llamó la atención.

Euskal Herria era muy importante, representaba la fuerza y el orgullo, era imposible su colonización. Nadie consiguió jamás con las guerras, quitarles las tierras o imponerles un dios. Pero entre tantas discusiones y tantas peleas, olvidaron que UR era todo corazón. Que la vida es mucho más que una bandera, que la violencia trae más violencia y una eterna sensación de frustración.

Así es como vivían los vascos, mucho trabajo, mucho esfuerzo, más sufrimiento y alguna bonita canción. Euskal Herria se hizo tierra, y olvidó con el mar su conexión. Buscaba unas raíces fuertes, pero se enfriaba su corazón. Se decía que todo era brujería, grandes akelarres y mucha inquisición. La historia se escribía desde tierra y se imponía la razón.

Se hablaba del hombre rudo, de un padre insensible, de un hombre sin sentimientos ni corazón. De una mujer madre y tierra. De relaciones frías como el acero, ocultas en oscuros secretos color carbón. Secretos que nunca se contaron por vergüenza y precaución. Secretos grabados en el agua estancada de la sinrazón. Secretos que siguen haciendo daño, generación tras generación. Secretos sobre asesinatos, maltratos y violación. Secretos revividos en cualquier constelación.

UR, el gigante del mar

El Pastor y el secreto de UR

UR, el gigante del mar
UR, el gigante del mar

Un día de primavera, sucedió algo extraño con un hombre al que llamaban pastor. Era un pastor sin rebaño, un pastor sin bastón. Estar con el mar a solas, era su gran pasión. Contaba que las olas eran los latidos del mundo, y el mar su corazón. Mientras paseaba, encontró unos dibujos en la orilla, que llamaron su atención. Eran árboles color arena, que brillaban y cambiaban su forma, según las marea, según su dirección. Árboles serios, que parecían raíces, con ciertos matices tristes, de años de desolación.

Descubrió que los árboles posaban horizontales, no eran normales, eran de otra generación. Caminó incansable, buscando más pistas, buscando los artistas de semejantes obras, sin copia ni repetición. Y llegó a unos pozos, llamados “putzuzulos”, donde en verano, el mar bautiza entre risas, los niños y niñas, de esa población. Son fábricas de sueños, espacios libres de dueños, donde juegan protegidos y alimentan su corazón. Son agujeros llenos de vida, espacios con energía, donde el agua huele a eterna ilusión.

El pastor entendió que los árboles tomaban agua, que crecían todos los días, incluso cambiaban de posición. Que no existían dos iguales, que crecían y se desarrollaban, en función de las mareas, y de su orientación. Se metió bajo el agua, abrió los ojos y tras un golpe de magia, cambió totalmente su visión. El pastor podía ver bajo el mar, podía leer el movimiento de las olas, y sentir y entender su función. Comprender que las olas son sólo un ejemplo, para poder comprender, cómo es un latido del corazón. Que si somos 70% agua, y brota salada cuando lloramos, posiblemente sea mar y no agua, controlada por un 30% de tierra y ambición. Que lo que vemos fuera, es sólo un inmenso espejo, donde reflejarnos y poder comprender cada historia, cada situación. Que reflejarnos sirve para enterarnos, que sólo observando y con el mar conectando, podremos buscar una solución.

El pastor encontró un texto, escrito bajo el mar en la arena, que explicaba a modo de “bertso” o de canción. “Si quieres que la vida vuelva a ser vida, donde desaparezcan las guerras y amar sea obligación, haz que UR se despierte, llevando agua hasta su corazón”.

Levantó su mirada y entendió el sentido de la canción, comprendió el motivo de sus paseos, cuando puso real atención. Tenía que descubrir la silueta de UR tumbado, buscar la ballena usando su imaginación, una ballena que quedó varada hace muchos siglos, y vulgarmente es conocida como ratón.

La leyenda era cierta, lo que se contaba en las canciones no era un cuento, sino un relato con mucha tradición. Sólo hacía falta tumbarse en la orilla, olvidar cualquier pesadilla, y mirar con convicción. Entender que sólo con valentía y mirando desde el mar la vida, llega un día, que se tiene otra visión.

bosques del mar

Sabía que nadie le creería, que lo silenciarían según expusiese el tema, en su primera conversación. Debía encontrar la manera, de hacer de espejo y contraola, sin tener miedo de cualquier chantaje o acusación. Sabía que algún día, la verdad se sabría, y se conocería, por qué UR se durmió. Cómo pudo un sueño, convertirlo en roca, cómo si hubiese caído sobre URLUR la peor maldición.

El pastor, además de ver bajo el agua, ayudaba a sanar con agua de mar. Ponía las manos en los píes, y los males y las dolencias solían parar. La gente apreciaba sus manos, pero nadie le quería escuchar. Nadie prestaba atención al relato, sólo se querían curar.

Así que decidió hacer un cuento, y lanzarlo al viento con un pesado argumento, donde podía explicar. Que sólo existe una manera, para que este mundo no se muera y se pueda recuperar. Pasa por compartir el agua, despertar a UR y la conciencia que durante siglos, hemos regalado al azar. Pasa por llenar el Torreón y el corazón de agua, y atreverse a ver la vida desde el mar.

UR, putzuzuloak

El sueño de UR

En realidad UR había optado por no despertarse, tras conocer en aquel sueño, el futuro de su región. Lloraba porque no entendía, cómo toda su filosofía de respeto a la vida, quedaba destruida por pura ambición. Cómo la gente perdería su limpia mirada, y la ocultaría tras plástico y contaminación. Cómo tristemente, desaparecía la alegría, y el agua olería a cañería y putrefacción. Cómo en un futuro cercano, la palabra humano, tendría otro tipo de connotación. Cómo la gente moriría y se ahogaría, mientras las ciudades celebraban ser capitales de la cultURa, sin preocupación.

UR sabía lo que pasaría, y debía de elegir, entre dos una sola opción. O generaba una gran tormenta, y perdía la conciencia para inundar la tierra e impedir la evolución, o dejaba mientras el dormía, que el mundo se enterara, qué es la hipocresía y la destrucción. Que viesen lo importante que es el agua, lo vital que es cuidarla y compartirla sin discriminación.

UR nunca hubiese elegido la guerra, la tierra y la sin razón. Decidió dormirse, dormirse bien profundo, dormirse hasta el día de hoy. Enseñó lo que era la vida, la felicidad y el comienzo de la creación. Que al principio sólo somos agua, sal y mucha información. Que de nosotros depende, es nuestra la elección. Si despertar al gigante, o seguir viviendo la maldición. De ser unos cobardes, y de no prestar atención. O ser de verdad valientes, y amar desde el corazón.

Moraleja: Si UR todavía está dormido, la moraleja no va a gustar. Así que es mejor que cada uno elija, cómo este cuento, debe terminar. Sólo un consejo antes de acabar. Respeta el agua y la conciencia, o no pidas a la vida, que te tenga que respetar.

UR, el gigante del mar

Texto, vídeo, fotografía y música:

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Agradecimientos:
Joseba Etxabe: UR

Luca (the ocean), Gorka (lur), Aitor (Sagarmenta)

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