Me llamo Pablo, nombre de origen latino que significa “pequeño”. Y tal y como cuenta el nombre, soy el pequeño de 5 hermanos, y un niño afortunado. Y cuando digo afortunado, me refiero a ser uno de esos niños que no conoce la guerra, que no pasa hambre, que no vive la enfermedad, ni tampoco la violencia. Que cuando abre un grifo tiene agua, y si lo gira es caliente. Un niño que se acuesta y se levanta de la cama, tranquilo y alegre. Querido y mimado, tremendamente afortunado.

Y cuando uno es afortunado, es tan feliz y está tan contento, que cree absolutamente todo lo que le cuentan. Y además de afortunado, es inconsciente. Una inconsciencia alegre y dulce, que para un niño afortunado, es un caramelo irresistible. Una inconsciencia repleta de necesidades, que hará que un niño afortunado, se convierta en un adulto desgraciado. Intentando conseguir de mayor, todo eso, que de pequeño era tan sencillo. La felicidad.

La diferencia entre un niño afortunado, y un adulto desgraciado es la ingenuidad. La ingenuidad es maravillosa. Hace que lo bueno te parezca buenísimo y lo malo, no tan malo. La ingenuidad hace que creas lo imposible, y lo conviertas en religión. Hace que creas que el mundo es así porque tiene que serlo. Que pienses que los niños que mueren de hambre, han venido a eso, a morir. Que los que sufren guerras, se las merecen. Y que si el mundo se va a la mierda, ya encontraremos un planeta mejor. Pero cuando te haces adulto, la ingenuidad se convierte en hipocresía. Es como si te has quedado en pelotas, y te tapas con lo primero que pillas. Sabes que ya no cuela ser ingenuo, y haces lo que hace todo el mundo cuando llega el momento de hacer las cosas con responsabilidad. Dices, “si, pero”…

El “si, pero” vale para todo. Si te dicen que 6 millones de niños se mueren de hambre al año, dices si, pero… … Si te comentan que 1 de cada 3 niños está en riesgo de pobreza en el pais en el que vives, dices si, pero… Si te dicen que el 70% del planeta no tiene agua potable y que con el cambio climático nos quedan dos telediarios, ¿qué dices? Si.., pero. Si pero, es la expresión más usada cuando has dejado la ingenuidad acostada con la infancia, y la hipocresía, se hace fuerte, y te soluciona la respuesta a cualquier pregunta incómoda.

Es tremendo ser adulto. Es tan incómodo responsabilizarse, que es mucho más atractivo hacer un mundo de fakes y likes, y decir a todo “si, pero.” Supongo que es mucho más rentable, hacer muchos programas de debate y entretenimiento. Tener la mente preocupada en discutir por la razón, o simplemente ocupada en seguir siendo ingenuo. Qué más dará, si todos somos elfos. Es trending topic decir que la culpa la tienen las vacas por cagar mucho. O que es el plástico el culpable del calentamiento. Todo vale con tal de no hacerse responsable de nada. Absolutamente de nada. Y cuando los adultos no se hacen responsables, y se hacen los ingenuos, los niños acaban sufriendo las consecuencias de su egoísmo, su inconsciencia y de sus estúpidos entretenimientos.

Cuando era un niño afortunado, pensaba que los adultos hablaban con conocimiento de causa. Pensaba que las personas adultas sabían mucho, porque habían estudiado mucho. Que el conocimiento era una especie de rascacielos que vas construyendo con los años, para terminar jubilado tomando el sol en el ático de la sabiduría. Enseñando a quien empieza por los cimientos, con cariño y paciencia. Y cuidando de cada edificio con respeto y constancia. Pero cuando me hice un adulto desgraciado, entendí que una cosa en ser listo, y otra inteligente. Descubrí que hay más listos que peces en el mar, y que inteligentes, lo que se dice inteligentes, sigo buscando a ver si los puedo encontrar.

Cuando miras atrás en la historia, y ves los océanos de sangre derramada, la brutalidad de una sociedad por la guerra condicionada. Cuando pones atención en el comportamiento humano y compruebas que menos humano es cualquier cosa. Cuando eres un adulto desgraciado y ya no puedes ser un niño afortunado, al parecer sólo te queda mimetizarte en la masa, intentar comprarte una casa, y seguir creando niños afortunados. Es como si al llegar a una edad, todo lo que sabes que está mal te da igual, y sigues esa tradición casi ancestral de hacerte el despistado y mirar hacia otro lado y sonreír como que todo va genial. Es como ese falso espíritu navideño pero a diario. Como si todo el mundo se hubiese fumado un porro de anestésico cerebral y da lo mismo si hablan de una catástrofe o un homicidio. Si es una violación o la boda de algún paspan. Todo, absolutamente todo es lo mismo. Ruido.

El mundo está repleto de adultos desgraciados. De hecho no se si habrá alguno que no lo sea. Pero el ruido tapa todo. El ruido y la velocidad, son dos de los elementos más importantes que contribuyen a generar adultos desgraciados. El ruido hace que nuestro cerebro ya no distinga entre lo que está bien y lo que está mal, y la velocidad amplifica el ruido, para que si hay alguien que consigue discernirlo, no tenga tiempo ni de explicarlo.

¿Cómo es posible no ser desgraciado, si ya no eres ingenuo, y ves lo que está pasando tanto lejos como a tu lado? ¿Cómo es posible ser feliz, cuando cada día te das de morros en toda la nariz, con noticias que te dejan aterrorizado? ¿Realmente alguien cree, que hemos avanzado?. Llevo años llorando, años que sólo quiero estar encerrado, y creo que para todo lo que pasa, poco he llorado. A veces me pregunto, si no hay nadie que entiende que es justo la razón, lo que nos lleva a la eterna discusión. Pero luego recuerdo que todos tenemos conciencia, y la conciencia tiene toda la información. Sabe muchísimo más que google, pero cuando le preguntas sólo te da un opción. Es una respuesta que nace del corazón. Es como un fogonazo de luz que te ilumina por dentro, y que se va apagando según va llegando al cerebro y se encuentra con la razón. ¿Y que le dice la razón?
Si, pero…

Así que si queremos buscar realmente soluciones, tenemos que echarle cojones y consumir lo que ya tenemos, lo que nunca podrá vender amazon, lo que está bien profundo y late cada segundo. La conciencia del mar y el corazón.